¿Qué pedo… con comerse la placenta?

Ya lo había leído por ahí y esta semana lo escuché en un podcast (y bastante detallado para mi cerebro). Al parecer hay mujeres que se comen su placenta después de dar a luz. Pero no te imagines algo como en National Geographic donde la mamá se come la placenta fresquita y hasta le da unos lengüetazos a su bebé recién nacido para peinarlo de rayita.

Las mamás de hoy tienen la opción un poco más razonable y tomarse su placenta en píldoras, junto a su ácido fólico y multivitamínico. Así como lo dijo la señora/doula del podcast, ella se lleva la placenta a su casa donde la corta, deshidrata, pulveriza y empaqueta en píldoras como de Advil Extra Strength y te las regresa con todo y vasito de agua.

Pero no se queda ahí. Hasta hay recetas culinarias para cocinar placenta. Así como Chepina en Tu Cocina, pero sin la dulzura y más grotesco.

Pero la pregunta no es, ¿cuánta sal es mucha sal cuando cocino una placenta? oooo, se me cayó mi placenta al piso ¿la regla de los 5 segundos aplica? No. La pregunta es ¿por qué hay mujeres que se comen su placenta?

Y pues la respuesta es tan variada como las razones por las cuales NO comerse la placenta. No hay estudios en humanos que muestren 100% los beneficios de comerse la placenta, pero se rumora puede ayudar a prevenir o mejorar la depresión post-parto en las mujeres, también puede reducir el dolor del parto, hacer que las boobs produzcan más leche y pues recuperar algunas hormonas, vitaminas y minerales que se pudieron haber perdido durante el parto.

Ya cada mamá decide qué es lo mejor para ella y para su placenta. Pero si te late la idea y sobra por ahí algo para ti, igual y ármate unos taquitos de placenta, eso si, con su salsita bien picante.

¡Provecho!