El primer crucero de los gemelos

Apenas regresamos de las primeras vacaciones oficiales de los gemelos, nos fuimos con mis suegros, mis cuñados y sus hijos a buscar tesoros al caribe, montados en nuestro navío y acompañados de otros 6,786 tripulantes. Y no voy a espolvorear mi experiencia con azúcar (o sugarcoat it), el crucero fue increíble pero también fue una madriza.

Las travesías del Capitán Jack Sparrow se quedan cortas con treparte a un barco con gemelos de dos años de edad (y eso que los míos se portan muy bien).

Ya salir con gemelos al súper es una aventura en sí, hay que llevar pañales, snacks, igual y un cambio de ropa por si se tiran el súper encima. Ahora montarte a un barco por 8 días es algo que ni Elon Musk se atreve a hacer, y eso que él manda cohetes al espacio y los estaciona mejor que cualquier mexicano estaciona su coche en paralelo (y eso que yo soy mexicano).

Como en los otros dos viajes en avión de los gordos (uno y dos), mi esposa y yo (más mi esposa) empezamos a empacar y preparar todo como una semana antes del viaje. Había que ver si teníamos los trajes de baño, pañales y flotis suficientes para todos esos días, y si no, pues había que ir a comprarlos o correr de último momento para encontrarlos. Ya con la cajuela llena y car seats ocupados, nos lanzamos a la carretera hacia la bella y húmeda Houston, Texas (para seguir a la todavía más bella ciudad de Galveston).

Pero además de dos gemelos de casi 2 años de edad, ¿qué llevamos en esa cajuela llena y qué tienes que llevar tú en tu próximo crucero con bebés? Puesss…

  • 1 maleta grande con la ropa de tu esposa y tuya.
  • 1 maleta grande con la ropa de tus hijos, y cuando digo ropa digo TODA su ropa, no sé por qué pero se manchan en cada comida, snack o cereal sin leche que coman.
  • 1 maleta mediana de pañales de día, de noche y de agua… y obvio wipes, muchos. Nosotros llevamos: como 90 pañales de día (5 por día, por niño), 24 de noche, y otros 20 y algo para nadar.
  • 1 carry-on para lo que no quepa en las otras maletas o acabes comprando en los puertos. Créeme vas a necesitar ese espacio extra.
  • 1 maleta chica con juguetes, libros, pelotas, y peluches favoritos de tus hijos, aunque el mar los menea como tus brazos solo saben hacerlo, igual y quieres que se sientan en casa lo más posible (de hecho una señora nos dijo que Royal Caribbean te presta juguetes para bebés y te los llevas al cuarto por unos días… de haber sabido).
  • 2 backpacks que la hagan de pañaleras. Una para tu esposa y una para ti.
  • 2 colchones para pack-n-plays. Si hablas con anticipación, en el barco te pueden dar pack-n-plays. Ya la comodidad del su sueño de tus hijos va por tu cuenta (aquí entran los colchones).
  • Baberos, vasitos favoritos, cubiertos, 2 tupperwares chiquitos. Para evitar las machas, para tomar su leche sin hacer más manchas, para que coman, y para transportar snacks.
  • 1 cojín de memory foam (si eres como mi esposa que necesitas TU cojín para dormir bien).
  • Carriola (doble).
  • Y otras cosas que seguro se me están olvidando.

Y ya, así de ligerito se viaja con gemelos.

 

El barco tuvo sus altas y bajas, y más que nada en el tercer día que esa madre se movió más que mi lavadora Whirlpool en ciclo de toallas. Cada día fue especial con los gordos pero para resumírtelo en pocas palabras, más o menos así fue:

 

Domingo:

Llegamos a Galveston. El barco nos estaba esperando y solo de transportar la cajuela del coche, al shuttle y al barco ya ameritaba una rica siesta y masaje. Pasamos migración, nos dieron nuestras llaves, nos tomamos la foto oficial y subimos a comer. Para este entonces la hora de la siesta ya había pasado y pues junto con mi cuñado y mi sobrino conocimos el piso 3 del barco, dando vueltas en las carriolas con los niños dormidos como carrusel de circo. Mis piernas estaban hirviendo de cansancio mientras mi hija estaba echando desmadre y cambiando su siesta por sobrecansancio.

 

Lunes:

Es curioso eso de los barcos, estás rodeado de agua y tienes tu chapoteadero de agua dulce (y pipí) a 14 pisos de altura. El lunes estuvimos en alta mar, fue de alberca y de chorritos en el área de niños. Los gordos se la pasaron bomba y ahora sí echaron siesta bomba.

 

Martes:

Día en alta mar, de mar picado y de gemelos jugando en un bar hecho guardería. También hubo show de patinaje sobre hielo, el primero de los gordos y no decepcionó ni tantito. Yo apenas toco el hielo y doy el sentón, y estos maestros del frío dan piruetas y maromas en un barco en movimiento.

 

Miércoles:

Llegamos a Roatán, Honduras. Y cuando llegas a tierra firme después de dos días en el mar, además de besarla, tienes que re-empacar medio cuarto para bajar. Back packs, pañales, trajes de baño, bronceador, toallas, snacks, agua, gemelos, y por supuesto, carriola. Con eso de que éramos 8 adultos y 6 niños menores de 5 años, nuestras actividades terrestres o “tours” se enfocaron en ir a la playa más cercana al barco a jugar con la arena y tomar par de cervezas. En Roatán los gordos conocieron por primera vez la arena fuera del arenero del parque y de la escuela. Los metimos al mar, y se aseguraron de traer de regreso al barco arena en cuanto espacio y pliegue de piel pudieron.

 

Jueves:

Llegamos a Costa Maya, México, lugar que aprendí existía cuando vi el itinerario del barco. Después de atravesar el puerto Hollywoodense que armaron ahí y comprar pan dulce mexicano original, nos lanzamos en taxi al Pitaya Beach Club. Arena suave y blanca, el mar azul transparente y un pitaya sunrise que no tenía madre, bebida de la casa. Éxito total y arena en el pañal. Comimos, chupamos y me di un masaje de lujo. Los gordos se acabaron echando su primer siesta a la brisa del mar. Me acuerdo de niño, esas siestas sobre una toalla en la arena eran las más ricas, esta vez les tocó a ellos.

 

Viernes:

Cozumel, México. Más playa, más alberca y más comida caribeña. Ya para este día mi espalda y mis brazos estaban adoloridos, la espalda por la quemada de sol que me estaba dando, y los brazos porque ya llevaba dos días haciendo volar al gordo en la alberca y pues como el #papanzachallenge ya había terminado, ya no estaba en la mejor forma.

 

Sábado:

Sábado del alta mar más bonito, callado e inolvidable que haya visto (ver foto).

Foto

 

Domingo:

Con el turbo que le metió el capitán, llegamos de regreso a Galveston. Con maletas empacadas y etiquetadas desde un día antes, los gordos desayunaron en el cuarto y lo ensuciaron un poco más para dar una gran despedida. A petición del barco, salimos del cuarto rozando las 9am, estábamos en nuestro punto de salida a tiempo y después de una hora de fila y espera en migración, salimos de nuevo al calor y humedad de la ciudad. Hubo tacos de fajita, arroz, y frijoles de lunch, y una mesera extremadamente preocupada porque creía estaba enojado con ella (sí estaba). Galveston-Dallas en poco más de 5 horas y llegamos a estirar piernas y cenar huevito con queso casero.

 

Estoy seguro que la primer persona que dijo “necesito vacaciones de mis vacaciones” fue un papá de gemelos que se fue en barco.