Cómo descifrar a un bebé en un simple paso

  1. Ni lo intentes.

Listo, ahí está el secreto. Entender a un bebé que no habla, saber qué quiere o qué tiene es más difícil que hacer el cubo de Rubik, con dos cervezas encima y en la oscuridad.

La semana pasada, volvimos a llevar al gordo al pediatra porque ya tenía mocos y llevaba con tos como dos semanas. Diagnóstico: infección de oído. Cosa que ni mi esposa ni yo podemos diagnosticar, y que él no nos podía decir. También estaba medio necio por un par de semanas para irse a dormir y se despertaba en la noche par de veces, cosa que ya no hacía antes. Y como le están saliendo más dientes, pues igual y podía ser eso.

Igual y tu bebé se está jalando la orejita, acción que puede indicar infección en el oído, pero te enteras que es algo nuevo que aprendió de otro niño en el kinder y ahora es su actividad preferida. O tu bebé llora de la nada y tú crees que está estreñido y le duele la panza, para luego quitarle los tenis y encontrar una piedrita dentro.

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De los libros a la vida real, la primera visita al zoológico.

La semana pasada estuvimos de visita con la familia de mi esposa y para sacar un plan demasiado familiar y nuevo para los gemelos, fuimos al zoológico. Por primera vez.

Hace como 15 años no iba a un zoológico, creo como soltero en sus veintes uno de los últimos lugares que quieres ir a ligar es el zoológico. Obviamente esperaba ver animales en su “hábitat”, oler olores de pañal salvaje y echar algún algodón de azúcar o algo así, pero esta vez como papá, me di cuenta de la realidad de un zoológico. Papás, niños y carriolas por todas partes, ah y uno que otro animal por ahí. Hasta me hizo pensar que igual y los animales piensan que nosotros somos el zoológico ambulante de tanta maroma y circo que hacemos ahí dentro.

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Las 8 razones por las cuales estoy en contra de la correa para niños

1. Tu hijo no es un perro.

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El gran momento de decidir el nombre de tu bebé.

Como dijo el tío Benito en Spiderman, “un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”, y una de las grandes responsabilidades de cualquier futuro papá y mamás es ponerle nombre a su hijo.

Porque no es como cuando le pusiste E.T. a tu tortuga cuando eras niño o Power Ranger a tu primer perrito. Y tampoco es como para verte bien “original” o trendy y ponerle Apple, North o Segismundo a tu bebé, hay que echarle un poco más de cabeza al asunto, digo, aunque le pongas Mortimer igual va a llevar tu apellido el chamaco. Ponerle nombre a tu hijo es un gran dilema y así como les puede llevar a ti y a tu esposa cinco minutos en estar de acuerdo, así les puede tomar cinco años o más. Hasta hay papás que todavía no deciden cuando ya tienen a su bebé en brazos y esperan a que él les dé la respuesta con algún eructo, sonrisa o gesto.

Existen incontables libros, websites, mamás, abuelitas y primas que opinan y nos dan sus mejores opciones de nombres, pero casi siempre la decisión cae en los papás.

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Cuando los gemelos fueron a la escuela por primera vez

No puedo creer que acabo de escribir ese título, WTF??? Cuándo pasó, qué pasó, qué pedo con tener hijos que ya van a la escuela??? (bueno, al day care, no hay sumas ni restas, pero igual pega). Apenas y yo me hago mi lunch, cómo soy un adulto “responsable” que le manda lunch a sus hijos???

Así es, después de 15 meses y dos semanas de haber llegado a este mundo los pequeños empezaron la escuela. Es un pedo mayor para ellos, para los papás, y un mucho más para las mamás. Tus días de despertarte tarde…

bueno, bueno, de despertarte, jugar, darles snack, llevarlos por aquí o por allá a pasear, vestirlos y básicamente hacer el día, ese mismo día, se acabó.

Les hicimos una nueva rutina, que entre otras cosas consiste en despertarlos: cosa que no había pasado en 15 meses y dos semanas. En 15 meses y dos semanas no había puesto alarma. En 15 meses y dos semanas uno de ellos era mi alarma y el otro el snooze. Mi esposa y yo nos despertarnos todavía más temprano para armar el desayuno y su lunch para la escuela, los sentamos en sus sillas altas y rogamos, esperamos y rezamos que les guste el desayuno de ese día yyy que se lo coman a una velocidad razonablemente rápida sin que se atraganten; que acabe más comida en sus estómagos que en el del perro o el piso. Los vestimos mientras los correteamos, y una vez más, rezamos y rogamos que no se hayan hecho popó justo cuando los subimos al coche (cosa que es inevitable que pase).

¿Pero cómo fue la primera semana de los pequeños en la escuela?

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