Volar sin hijos, es realmente volar.

Hace unos meses metí mi aplicación de trabajo para FedEx en el área de transporte de gemelos. Estoy seguro me van a dar el trabajo. Mi esposa fue a su natal Monterrey-sn México-sn por una semana-sn, y como ninguna aerolínea deja volar con dos bebés menores de dos años en las piernas, íbamos a tener que comprar otro boleto de avión para uno de los gordos. Y para ahorrarle a mi esposa una inolvidable y gran historia que contar, me fui con ellos.

El vuelo de ida fue bastante bueno, aprendiendo de los dos viajes pasados (uno y dos), empacamos más eficiente y nos movimos más inteligente. Ya no llevamos pañales y juguetes como si en México no existieran, ni tampoco nos aventuramos por el aeropuerto con los gemelos. Las dos pañaleras/mochilas tenían lo esencial para el vuelo, y cuando digo esencial, digo snacks, y miles de calcomanías de todos colores, personajes, tamaños y texturas.

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Las cosas que mi esposa puede balancear sobre su panza.

Obviamente este post está más expirado que las gelatinas que mi mamá sigue teniendo en la despensa de mi casa en México, pero es uno que quería escribir cuando mi esposa estaba embarazada.

Ya tenía en mente algunas de las cosas que le iba a poner sobre la panza para ver si balanceaba o no balanceaba, desde lo más sencillo y menos arriesgado como un libro, hasta el nivel Evel Knievel y tratar de balancear una pelota (sobre otra).

Peeeero seguí esperando a que la panza creciera más y pues los gemelos llegaron antes y me echaron a perder mi gran experimento. Como puedes ver la panza ya estaba bastante grande – y eso que esta foto no es cercana a dar a luz – y pues lo único que pude balancear fue este plato con granola, yogurt y seguramente unas fresas y plátano (aunque las boobies ayudaron un poco igual lo tomo como un rotundo éxito).

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