7 razones por las cuales vacunar a tus hijos

Espero de solo haber leído el título de este post hayas rolado tus ojos y pensado “qué piensa este increíble papá bloguero? que estoy endej@ y no vacuno a mis hijos?

Bueno, espero que sí, pero sin lo endej@. Lo traigo a la luz porque esta semana el caballero/niño Ethan Lindenberger testificó ante el congreso de los Estados Unidos acerca de la importancia de vacunarse. ¿Por qué lo hizo? Porque tiene unos papás bastante mal informados que nunca lo vacunaron. Y llegando a la madurez de edad de 18 añotes, Ethan se fue a su pediatra, vacunó solito (bueno, una enfermera o doctor le ayudó) y se llevó su paletita y calcomanías de recuerdo.

Pero como vivimos en un mundo que a veces se mueve para atrás y cuestionamos la ciencia y la redondez de la tierra, quería asegurarme de darte otras 7 razones por las cuales vacunar a tus hijos:

  1. Porque tus papás te vacunaron, y estás viv@
  2. Porque sigues viv@
  3. Porque ya vas en el punto número 3, y sigues viv@
  4. Porque cuando éramos chiquitos no era opción. Te llevaban al pediatra, te inyectaban, llorabas y ya. No era pregunta.
  5. Porque sigues viv@
  6. Porque no vivimos en la edad media o de piedra.
  7. Porque… espera, tómate tu pulso… sigues viv@

Gracias mamás por arrastrarnos como trapos de chiquitos y ponernos las vacunas. Gracias doctores. Gracias vacunas!

La primera clase de natación de los gemelos

Los gemelos llevan ya una semana en clase de natación, y al contrario de mis expectativas todavía no saben nadar, apenas se dan un chapuzón para salir del agua todos asustados, como venado iluminado con tus luces altas del coche. Ni el intento de clavado de bomba ha habido.

Más que clase de natación, es clase de música, con juguetes, y en el agua. Pero a los gordos les encanta. Como tal perro Labrador, mis hijos cuando ven agua, se avientan y quieren jugar y chapotear en ella. Ya habían experimentado varias veces meterse a la alberca con nosotros, yo funcionaba como catapulta de bebés y los flotis eran la peor tortura china para ellos. Nunca se han sentido cómodos con algo inflado y grande alrededor de ellos en el agua, a menos que sean mis fornidos bíceps claro.

La clase para niños de 2 a 3 años dura 30 minutos, de los cuáles 5 se pasan cantando para saludar a cada niño que vino a nadar, 12 en jugar con juguetes de agua, 2 en patalear, 3 en la maestra escupiéndoles agua en la cara con un juguete, 3 en aventarlos y 4 en acarrear a los papás con niños en brazos por la alberca para que hagan caso. Ha sido todo un éxito.

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