La primera visita al dentista de los gemelos

Esta semana llevamos a los gemelos a su primera cita con el dentista, y no, no fue coincidencia que fuera cerca de Halloween. El miedo y lágrimas fueron punto y aparte.

Obviamente ellos no sabían a lo que iban, mi esposa y yo les explicamos en antes de ir que íbamos a ir al doctor a que les vean los dientes y que tenían que abrir la boca aaaaaaaaahhhhsí

En nuestro plan ideal estaba ir a la biblioteca pública y leerles un libro de un niño feliz yendo al dentista (porque seguro hay más de uno), pero ya no nos dio tiempo y la preparación psicológica tuvo que ser en cliff notes.

Yo estaba más nervioso por ellos, digamos que ir al dentista de chiquito no era mi actividad favorita, ni la del dentista. Esos días se resumían en mi mamá sacándome a rastras de la casa (no confirmado con una escoba) para llegar al dentista llorando, corría al baño para aprovechar mis últimos minutos de libertad y liberar una diarrea espontánea. Luego me recostaba en la silla del dentista y de vez en cuando tapaba el aspirador bucal con la comida que se me regresaba. ¡Fun times!

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Mi hijo es un guerrero.

Ningún papa quiere que le pase nada a su hijo, desde un simple golpecito en la frente hasta algo más grave. Algunos de nosotros estamos detrás de ellos para cacharlos, o evitar que se peguen, más en mi caso con gemelos hay que tener cuatro ojos y brazos elásticos.

Esta semana mi hijo se tropezó, como a veces se tropieza, solo que esta vez fue en el kínder y cerca de un lavabo, extremadamente cerca. La maestra le habló a mi esposa que se había pegado en el ojito, que estaba bien, pero que tal vez necesitaba suturas… WHAT??? Qué es tal vez necesita suturas??? Como papá (y mamá más) te imaginas lo peor, una herida de esas de película y chorros de sangre como en Kill Bill. Llegó mi esposa al kínder y pues sí, sí estaba golpeado y con costra en el ojito. Como en el pediatra no suturan a niños tan chiquitos (de casi dos añotes los gordos), nos lanzamos a emergencias donde lo pudieron evaluar, limpiar la herida y hacer que su papá y mamá casi se desmayen cuando la pielecita del párpado se abría en dos.

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¿Qué pedo… con esos letreros de “Baby on board”?

Casi casi antes de que compráramos los car seats para los gemelos, mi esposa ya estaba buscando esos letreros amarillos que dicen “Baby on board” para ponerlo en el coche, y así sentirnos “más seguros”, creo.

Pero, ¿qué pedo con esos letreros y cuál es su verdadero propósito e historia? ¿Por qué hay papás que lo ponen y otros que no? ¿Por qué el bebé cruzo el camino? Perdón, ya me desvíe del tema.

Yo creía que los papás que ponían ese anuncio en su vidrio trasero era por presumidos. Para decirle al mundo (o al conductor de atrás), “mira nomás, tengo un bebé a bordo y tú no, o sí, pero yo sí”. Hace unos días mi esposa me dijo que no sea burro, que la razón por la cual se ponen esos anuncios es por si te encuentras en un accidente de auto, que la ambulancia, policía o bomberos sepan que llevas un chamaco a bordo y que se apresuren a atenderlo. Le dije a mi esposa, “hmmm, qué interesante”. Peeeeeero en unos minutos libres aquí en el trabajo hice una rápida búsqueda en Google y…

resulta que es mentira!!

Bueno, bueno, no es para tanta la angustia.

Así es, Google y Wikipedia me dijeron que esa historia es un mito urbano. Ningún bebé se murió porque los paramédicos no vieron un anuncio que todavía no existía en el vidrio trasero de ningún coche. La verdadera historia va más cercana a la teoría que yo tenía desde un principio. Ese anuncio es para avisarle al cafre (persona que maneja atrabancada, mal o a la defensiva) que va detrás de ti (porque tú vas más lento y cauteloso por tener un bebé a bordo) que llevas un bebé a bordo.

Este simple anuncio de $8.91 (+tax) tiene como propósito crear conciencia en el conductor trasero de que va manejando como animal detrás de un bebé. O simplemente decirle que llevas un bebé y él no.

El primer crucero de los gemelos

Apenas regresamos de las primeras vacaciones oficiales de los gemelos, nos fuimos con mis suegros, mis cuñados y sus hijos a buscar tesoros al caribe, montados en nuestro navío y acompañados de otros 6,786 tripulantes. Y no voy a espolvorear mi experiencia con azúcar (o sugarcoat it), el crucero fue increíble pero también fue una madriza.

Las travesías del Capitán Jack Sparrow se quedan cortas con treparte a un barco con gemelos de dos años de edad (y eso que los míos se portan muy bien).

Ya salir con gemelos al súper es una aventura en sí, hay que llevar pañales, snacks, igual y un cambio de ropa por si se tiran el súper encima. Ahora montarte a un barco por 8 días es algo que ni Elon Musk se atreve a hacer, y eso que él manda cohetes al espacio y los estaciona mejor que cualquier mexicano estaciona su coche en paralelo (y eso que yo soy mexicano).

Como en los otros dos viajes en avión de los gordos (uno y dos), mi esposa y yo (más mi esposa) empezamos a empacar y preparar todo como una semana antes del viaje. Había que ver si teníamos los trajes de baño, pañales y flotis suficientes para todos esos días, y si no, pues había que ir a comprarlos o correr de último momento para encontrarlos. Ya con la cajuela llena y car seats ocupados, nos lanzamos a la carretera hacia la bella y húmeda Houston, Texas (para seguir a la todavía más bella ciudad de Galveston).

Pero además de dos gemelos de casi 2 años de edad, ¿qué llevamos en esa cajuela llena y qué tienes que llevar tú en tu próximo crucero con bebés? Puesss…

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Básicamente, soy un salvavidas

No, no éste tipo de salvavidas

 

Ponte a pensar, TÚ has salvado la vida de alguien. Y ese alguien muy probablemente ha sido tu hijo/a (a menos que seas Doctor, paramédico o le hayas hecho la maniobra de Heimlich a alguien para sacarle el Ribeye atorad0). Yo ya perdí la cuenta de las veces que le ha salvado la vida a mis hijos y eso que todavía no cumplen los dos años.

Porque si no fuera por los papás, igual ni yo ni tú estaríamos aquí hoy. Igual y la raza humana se hubiera extinguido hace mucho tiempo con papás distraídos y uno que otro bebé que se cae a un volcán activo.

 

¡Bravo papás!