“Nunca más vuelo con gemelos”… dijo todo papá con gemelos.

Mi esposa y yo nos aventuramos a volar otra vez con los gordos, no quedaba otra opción, a ella no le gustó la idea de dejarlos en casa con los pisos cubiertos en pañales y comida a la mano por unos días.

La primera vez que volamos con los gordos tenían como 11 meses, todavía no caminaban, lo movibles que eran era por nosotros, de llevarlos de un lado para el otro y su gateo de principiantes. No nos fue nada mal la verdad, pero como lo dije, volar con gemelos es otro pedo, las matemáticas no mienten, un papá por un bebé, si un bebé se harta de uno, lo pasas como rockstar a la fila de atrás sólo para recibir otro de vuelta. BOGO.

La clave era sacar los vuelos basados en la hora de siesta de los gemelos, así para cuando les toque cerrar pestaña nosotros ya estaríamos a 30,000 pies de altura. La vez pasada funcionó, en cuanto el avión despegó y el white noise de las turbinas retumbó en la cabina, cayeron rendidos en nuestros brazos. Esta vez, estaban mucho más alerta y emocionados de estar volando en un tubo de metal, y también estaban emocionados por las calcomanías que les llevamos, bueno, más que nada fueron las calcomanías. Esta vez el gordo se durmió justo cuando íbamos en descenso y la gorda hermosa decidió dormirse justo cuando aterrizamos, cosa que llevó su siesta hasta migración y la banda de equipaje.

Como la primera vez, mi esposa y yo googleamos qué llevar para entretenerlos en el avión y no convertirnos en esos papás con niños llorando o de mal humor (que si pasa pasa y no importa). Como encontramos mil opciones y nuestras 4 maletas no aguantaban mil opciones, decidimos llevar lo que creímos esencial:

  • Pañales: obvio, y de noche. Para que aguanten más.
  • Snacks: todos los que les gusten y en cantidades Costco.
  • Alambres afelpados (pipe cleaners): mi hija los metía en la ranura, hoyo y no hoyo que encontraba en su camino. Mi hijo los va a conocer en el vuelo de regreso.

  • Kits todo en uno: mi esposa compró dos bolsitas de plástico de Paw Patrol que tenían calcomanías, una libreta, unos lápices, un libro y mucha paciencia. Mi hijo, las calcomanías y el avión fueron mejores amigos. Las pegaba en su pantalón, luego en la ventana, luego en mi camisa y hasta en… you gotta do what you gotta do…

Una vez está chistoso…

 

…dos, ya no soy tu payaso.

 

…mi hija se divirtió con unas calcomanías como de goma que si no sabes igual y les pones limón y chile y te las comes.

 

Como siempre que se sale con gemelos, hay cosas que usas, y otras muchas que no, pero siempre hay que estar preparado. El asunto es no abrirles o darles todo de un jalón. Así como en la guerra, hay que racionar para sobrevivir. Les das una cosa y cuando se harten, pierdan interés o empiecen a patear el respaldo del frente, les das otra cosa.

Luego de una hora de diversión con calcomanías y unos minutos de sueño, aterrizamos. Fuimos los últimos en salir del avión, de pasar migración y recoger maletas. Volar con gemelos es toda una aventura pero siempre será mejor de lo que esperas (¿ya sentiste que estaba estresado?). Pero lo más importante que aprendí en este tercer vuelo (falta el regreso) en comparación con su primero, es que cada bebé es diferente, cada edad es diferente y tienes que ir preparado como MacGyver Bond (personaje que acabo de inventar si MacGyver tuviera un hijo con James Bond). Un bebé de 4 meses puede querer cosas diferentes a uno de 5, 11 ó 20. Pregúntale a tus amigos y familiares lo que les ha funcionado y recuerda que la preparación puede ser tu salvación.

Ah, y también aprendí que no importa la edad, si viajas con un bebé o niño chiquito siempre le puedes seguir echando la culpa de los pedos que te tiras tú.