De los libros a la vida real, la primera visita al zoológico.

La semana pasada estuvimos de visita con la familia de mi esposa y para sacar un plan demasiado familiar y nuevo para los gemelos, fuimos al zoológico. Por primera vez.

Hace como 15 años no iba a un zoológico, creo como soltero en sus veintes uno de los últimos lugares que quieres ir a ligar es el zoológico. Obviamente esperaba ver animales en su “hábitat”, oler olores de pañal salvaje y echar algún algodón de azúcar o algo así, pero esta vez como papá, me di cuenta de la realidad de un zoológico. Papás, niños y carriolas por todas partes, ah y uno que otro animal por ahí. Hasta me hizo pensar que igual y los animales piensan que nosotros somos el zoológico ambulante de tanta maroma y circo que hacemos ahí dentro.

Pero ponte a pensar lo que es para los niños chiquitos. Para mis gordos los animales vivían en las páginas de libros que muerden, en los imanes que pegan en el refri, y uno que otro en los videos de cantajuegos (más que nada el burro que le duele todo). No sé que pasó por su cerebro, pero sus reacciones al ver a los animales en 3D fue, como dice mastercard, priceless. El primer animal que vimos fue un oso que estaba escondido detrás de una piedra comiendo fruta, y seguro los gordos pensaron “¿vinimos hasta acá a ver una piedra?”. Siguiente parada, los esperados y olorosos elefantes. Un animal que iba a ser imposible que pierdan de vista y de olor. Y como ya le saben hacer como elefante y levantan su bracito, fue uno de sus animales preferidos. A pesar de acabar oliendo como ellos.

Después de un rato, como pasa con gemelos, cada uno se interesó en cosas diferentes. Mi hijo estaba embobado con todos los animales mientras mi hija buscaba más snacks y a su prima. Mi hijo corría libre como gacela y mi hija prefería pasarse de brazos en brazos de abuelos, tíos, sobrinos y casi de empleados del zoológico. Como en cada lugar que vas con bebés o toddlers, la diversión principal a veces no acaba siendo divertida. Por ejemplo, en esta foto había unos changos exóticos pero creo la mandarina y una mosca que pasó se ganaron su atención.

8 adultos, 6 niños, 3 carriolas y un Radio Flyer, siguieron paseando. Hubo como 1,291 fotos, un sobrino que casi se cae a nadar con los patos, una pizza que acabó siendo más mi lunch que el de ellos, y muchos ojos abiertos de mis gemelos. Hubo leones, que al contrario de lo que ves en el National Geographic son más flojos que yo un domingo de cruda cuando estaba en la preparatoria. Hubo focas que apestaban, hubo toros de cuernos largos que también apestaban, hubo changos de todos colores y tamaños, y también hubo un acuario que lo tuvimos que dejar para la próxima visita.

Si te vas a lanzar al zoológico con tus hijos por primera vez llévate una carriola cómoda, suficiente agua, comida, protector solar, cámara, y ¡llévate el mapa que te dan a la entrada! En serio. Si eres como yo o como cualquier papá, sabemos a dónde vamos y somos bastante ubicados (o lo aparentamos), pero créeme, ese mapa puede ser tu salvación. ¿O qué, a poco jugabas Mario Bros o Zelda sin ver el mapa? Mismo concepto pero esto es en la vida real y con un bebé en tus manos. Digamos que el zoológico de Houston, y mi cuñada, no son los más amigables en dar direcciones a primerizos como mi familia y pueden hacer el camino a la salida o a la comida como el laberinto del fauno.

Aunque no seas fan de los animales en cautiverio llévate a tus hijos al menos una vez al zoológico para que luego no crean que tu perro, tu gato o su tortuga son los únicos animales en este planeta.