Volar sin hijos, es realmente volar.

Hace unos meses metí mi aplicación de trabajo para FedEx en el área de transporte de gemelos. Estoy seguro me van a dar el trabajo. Mi esposa fue a su natal Monterrey-sn México-sn por una semana-sn, y como ninguna aerolínea deja volar con dos bebés menores de dos años en las piernas, íbamos a tener que comprar otro boleto de avión para uno de los gordos. Y para ahorrarle a mi esposa una inolvidable y gran historia que contar, me fui con ellos.

El vuelo de ida fue bastante bueno, aprendiendo de los dos viajes pasados (uno y dos), empacamos más eficiente y nos movimos más inteligente. Ya no llevamos pañales y juguetes como si en México no existieran, ni tampoco nos aventuramos por el aeropuerto con los gemelos. Las dos pañaleras/mochilas tenían lo esencial para el vuelo, y cuando digo esencial, digo snacks, y miles de calcomanías de todos colores, personajes, tamaños y texturas.

Al día siguiente me tuve que regresar a tierras tejanas, por eso de tener que trabajar. Pero mi deliciosa experiencia de viajero solitario empezó desde antes de salir de la casa hacia el aeropuerto, cuando “empaqué” mi “maleta”. Ni en viajes de trabajo había viajado tan ligero como esta vez, como mi esposa ya tenía maleta XL para su regreso, le dejé mis dos prendas de ropa sucia y metí en mi mochila: 1 pasaporte, 1 libro, 1 pluma, y dos panes dulces que había comprado la noche anterior. Hasta pensé en meterle par de piedras para que pese algo, y sentir el trabajo de cargar algo.

Me subí al Uber solo para ver al chofer bajarse y subirse en menos de 3 segundos para tan solo cerrar la cajuela. Él tampoco había visto a un viajero tan ligero como yo. Nos aventuramos en una platica de más de media hora, llena de groserías y risas forzadas, cosa que no puedo hacer con los gemelos y mi esposa, al menos las groserías, las risas forzadas están a la orden del día cuando un gordo hace una payasada y hay que reírse con ellos.

Ya en el aeropuerto fui al mostrador para hacer check-in. El check-in más sencillo pero más tardado que he hecho. Como el gordo estaba en mi reservación y ya no viajaba conmigo, fue un medio pedo que lo quiten del vuelo y explicarle al empleado de la aerolínea la logística de mi viaje y que no se me había perdido un niño en el camino. Ya con pase de abordar en mano, me tomó como 32 segundos llegar a seguridad. Agarré una sola charolita de esas de plástico y aventé mi mochila, celular y cinturón, y 2.2 segundos después ya estaba subiendo las escaleras eléctricas a la sala. ESCALERAS ELÉCTRICAS? Hace dos años no tomaba una de esas, ya era puro elevador con carriola, hasta me dio miedo mover el pie y subirme a esa culebra metálica del infierno.

Tenía como 15 minutos antes de abordar, y sin niños, 15 minutos se sienten como 16. Fui al duty free, me pedí un sandwich y un cafecito, fui al baño, me comí mi sandwich y me tomé mi cafecito antes de abordar, y luego agarré mi mochila, me formé y me trepé al avión. No te voy a mentir, fue horrible volar solo.

Una rica siesta y una hora después, aterrizamos. Agarré mi mochila y caminé como galán de novela en la playa por los pasillos hasta llegar a migración. Pasé casi como juan por mi casa, y con una sonrisa nada envidiosa, caminé frente a las bandas de equipaje, viendo a esos pobres papás cargando, jalando y subiendo maletas por todas partes. Caminaba tranquilamente cuando un oficial de aduana me preguntó si no tenía maleta, le dije que no, y con sonrisa y mochilita en hombro seguí caminando hacia la salida. 10 metros después otro oficial me preguntó lo mismo, le contesté lo mismo, pero ahí sí me pidió ver mi pasaporte, me interrogó un poco y me dejó pasar. Al parecer un hombre en sus 30’s que viaja solo y sin maletas, puede ser un poco sospechoso, aquí y en China. Igual y la próxima vez me traigo una maleta vacía, o la lleno de tortillas y tlacoyos para que no me hagan pedo, y si me lo hacen, que sea por ricas tortillas rellenas de frijol.

Llegué de regreso al coche en 6 minutos, abrí la cajuela y literal aventé la mochila sin tener que jugar al Tetris de maletas para encontrarle su espacio ideal. Prendí el motor, le subí a la música (no infantil) y dejé volar mi pelo con el viento de camino a casa, manejando con una puesta de sol sobre las praderas y gasolineras de la carretera tejana.

El Fin.