La primera clase de natación de los gemelos

Los gemelos llevan ya una semana en clase de natación, y al contrario de mis expectativas todavía no saben nadar, apenas se dan un chapuzón para salir del agua todos asustados, como venado iluminado con tus luces altas del coche. Ni el intento de clavado de bomba ha habido.

Más que clase de natación, es clase de música, con juguetes, y en el agua. Pero a los gordos les encanta. Como tal perro Labrador, mis hijos cuando ven agua, se avientan y quieren jugar y chapotear en ella. Ya habían experimentado varias veces meterse a la alberca con nosotros, yo funcionaba como catapulta de bebés y los flotis eran la peor tortura china para ellos. Nunca se han sentido cómodos con algo inflado y grande alrededor de ellos en el agua, a menos que sean mis fornidos bíceps claro.

La clase para niños de 2 a 3 años dura 30 minutos, de los cuáles 5 se pasan cantando para saludar a cada niño que vino a nadar, 12 en jugar con juguetes de agua, 2 en patalear, 3 en la maestra escupiéndoles agua en la cara con un juguete, 3 en aventarlos y 4 en acarrear a los papás con niños en brazos por la alberca para que hagan caso. Ha sido todo un éxito.

A diferencia de lo que pensaba, los niños se meten sin pañal (y los adultos también), ni siquiera de agua. Y si se hacen popó y un niño en vez de jugar con un cocodrilo de juguete juega con un cocodrilito de verdad? Problema de la alberca y la escuela, ellos dijeron que sin pañal. Y como cuando viajas en avión y te echas un pedo, le echas la culpa a tu hijo, en el agua sucede el mismo concepto, curioso. Si te haces pipí, le puedes echar la culpa a tu hijo, si te echas un pedo, mueve bien los brazos y échale la culpa a tu hijo, si ya te haces popó, mejor ve al doctor porque de esa no hay salvación. Eso sí, ve al baño a vaciar tu vejiga, aquí no es el Cici de Acapulco. Aquí seguro tus hijos van a tomar agua de alberca, y créeme no quieres darle un sabor extra.

Mis hijos y mi esposa ya van depiladitos y listos para cortar el agua sin ningún esfuerzo. Yo no me quería quedar atrás, y me rasuré el pecho, las piernas, las cejas y todo escondite que me quitara milésimas de segundo al nadar, tipo Michael Phelps o Aquaman. También me dieron una gorrita para cubrirme el pelo, que igual y la saco como sorpresa para mi esposa en el próximo 14 de febrero.

Pero la clase? Increíble. Los gordos se mueren de la emoción, y del hambre al terminar sus bucitos. Se siguen acostumbrando al agua en su cara, ojos, párpados, oídos, narices, laringes y demás. Espero las cosas vayan tomando ritmo y a fin de mes ya dominen el nadado de crol, y medio manejen la mariposa. Mucho canto y poco nado. Yo sé, yo sé, primero necesitan adaptarse al agua, sentirse cómodos, no cagarse en ella, y ya después, poco a poco irles enseñado cómo mover sus brazos, piernas y básicamente cómo sobrevivir y saber flotar por si se caen al agua. Se rumora eso de la supervivencia en agua viene en un curso especial el próximo mes, por mientras que sigan jugando y cagándose de risa, sostenidos de mis inflados bíceps y tomando agua con orines de 231 niños (y tal vez un adulto).