Mi rutina de la noche con gemelos, contada en gifs

Niñoooooossss, 5 minutos y a lavarse las manos!

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Niños ya está la cena. A lavarse las manossss!

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A cenaaaaarrrr

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Ok. Vayan a escoger pijamas mientras hacemos la tina

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Niños, pijamasssss

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A bañarse!

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Bye bye agua, vamos a ponernos la pijama

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A ponernos la pijama

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Vamos al baño, a hacer pipí y cepillarnos los dientes

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Dientes!!!!!

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Ok. Escojan un cuento cada uno

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A la camita, te tapo.

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Ahhh… quieres tocar las estrellas?

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Ok, ya, a dormir!

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“Quiero hacer pipí”

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“Yo también”

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Ok. A dormir

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“Una canción”

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Buenas noches güeros!! Los am…

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“Quiero hacer popó”

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Ok. Ya. Buenas noches. Los amamos!

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“Papiiiiiii, mamiiiiiii…”

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Qué pasó?

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“Dejas la puerta poquito abierta?

No, cerrada.

No, abierta.

NOOOO, cerrada.

NOOOO, abiertaaaaa!!!!!”

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UNA técnica para hacer Potty Training

Después de enseñarle a caminar, a manejar y a armarse un platito de cereal con leche solos un sábado a las 7 de la mañana, creo el potty training es de las cosas más importantes que le podemos enseñar a nuestros hij@s. Hay muchas técnicas, ideas y métodos para lograr que tu hij@ le haga caso a sus esfínteres en madurez, unas más cómodas para los papás, otras más para tu hij@, y otras no tanto para las maestras del kinder. Mi esposa y yo estamos siguiendo UNA técnica para lograrlo, y aquí te la comparto.

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Bueno, hemos hecho dos técnicas para “entrenar” a los gemelos. Una para mi hija y otra mi hijo, porque al parecer las niñas están listas antes que los niños, y los niños tienen una manguerita que las niñas no. Mi hija básicamente un día nos dijo que ya no quería usar pañal, le fuimos a comprar calzones a Liverpool (estábamos en Monterrey’sn) y ya! Par de accidentes después, y listo. Ésta es la técnica más fácil que todo papá puede tener, es como ganarse la lotería del baño.

Para mi hijo, bueno, sí ha sido trabajo de tiempo completo las últimas dos semanas. Ya habíamos visto, y nos habían dicho en el kinder, que ya podíamos hacer potty training, pero no lo queríamos forzar. Le preguntábamos si ya quería usar calzones, y hasta recibir como respuesta un “sí” definitivo, lo hicimos. No lo queríamos presionar, le dimos tiempo a su mente para llenar las formas de inscripción al curso intensivo de vejigas y colones maduros, y a su cerebro a presentarse formalmente con sus esfínteres. Creo su cuerpo ya estaba listo, solo que jugar con legos, armar rompecabezas o lo que fuera que estuviera haciendo eran prioridad antes que ir al baño. A su tiempo, todo sale mejor, incluyendo la pipí y la popó.

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En Monterrey’sn, cuando su hermana pidió calzones, él también quiso, más que nada por solidaridad. Nos habían dicho por ahí que Cheerios en el escusado ayudan a los niños a hacer pipí en el agua y no en las paredes, por eso de darles un tiro al blanco. Tuvimos unas semanas de éxito, pero luego nos regresamos a los USA y hubo un pequeño retroceso. Dicen que los cambios grandes pueden afectar, y pues volvimos al punto de partida. Ok, fast forward al día que nos dijo que ya, que quería calzones. Un punto importante, es ya tener calzones en el cajón para cuando los quiera usar. Check! Los teníamos. Se los pusimos, él todo emocionado de llevar a Mickey en su pompa derecha y libre de pull-up. Lo ideal es hacer el potty training en fin de semana y tener actividades planeadas para todo el día, para no salir y evitar accidentes en espacios públicos. Ideal fue también que ahorita es invierno, y ese fin de semana estaba bien pinche frío y ni ganas de salir tuvimos. Con calzón en pompas, le preguntamos cada 15-20 minutos si quería o tenía que ir al baño, obvio a las cuarta vez ya tienes que esquivar cochecitos volando hacia tu cara de lo harto que se pone que le preguntes lo mismo cada rato. Pero es necesario. Hay que hacerlo consiente que no tiene pull-up y que hay que ir al baño, aunque sea por 3 gotitas. Hemos tenido accidentes que mojan hasta los calcetines y dejan charco en el piso, otros más que llevan el calzón directo al bote de basura y sus pompas a la regadera, y otro muy especial, que (des)afortunadamente me perdí y solo estaba mi esposa, con popó en las manos, ambas dos.

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Un buen incentivo para que vaya al baño y no te aviente un cochecito, es sobornarlo con algo. Depende que le guste a tu hij@, depende qué le des. A él le gusta el chocolate, entonces le ofrecemos 1 M&M cada vez que va al baño. Haga pipí, popó, 3 gotas o el río amazonas, 1 M&M… y cuando nos queremos ver papás super buen pedo, le damos un Pocky. Aunque sea de desayuno, o postre de la cena, 1 M&M. Promesas son promesas.

Algo que nosotros hicimos con los dos, es usar un asientito para poner sobre el escusado. Con el propósito de que no se caigan nalgas al agua, y para que aprendan en escusado como tal. Por ahí escuchamos unos rumores que si les enseñas a los niños a hacer del baño en bacinicas, luego le pueden tener miedo a la porcelana y no es como que vas a llevar una bacinica a todas partes para que vayan al baño. No sé si es cierto, pero con gemelos, no queríamos investigar (yo aprendí en bacinica, igual y por eso mi miedo y temblores cuando estoy en un escusado… o por falta de fibra también).

Lo recomiendo con agarraderas. Por si cagan pescados.

Creo la parte más importante del potty training se resume en el muy conocido y recién inventado término por mi, P&P… porras y paciencia (no pipí y popó). El cuerpo humano igual va a madurar y eventualmente todos tendremos control de esfínteres, aunque unos más que otros, no conozco a nadie todavía que use pull-ups en secundaria. Como papás, hay que estar ahí con chingos de porras y chingos más de paciencia. Cada vez que el güero va al baño, o la güera estaba aprendiendo, mi esposa y yo hacemos un show digno de porristas de la NFL. Les cantamos el Chiquiti Bum, brincamos, agitamos nuestros pon pons imaginarios, le damos su M&M, hay high fives, aplausos y saltos mortales para atrás.

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Y de la mano con las porras, viene la paciencia. Paciencia porque va a haber veces que se haga pipí o popó en el calzón, y no hay por qué regañarl@ o perder la paciencia. El 98% de las veces que los niños tienen accidentes es por culpa de los papás. Los niños siguen en su pedo, jugando, enfocados o distraídos en algo, y nosotros somos los que tenemos que estar al tanto y con reloj en mano para preguntarles y llevarlos al baño. Si ya a todos se nos va el pedo, ni modo. Se cambia de ropa, se seca el piso, se tira el tapete y te aseguras de que tu hij@ no se sienta culpable de lo que pasó. Nosotros le decimos “no pasa nada, la próxima vez que tengas ganas me avisas… y te llevas 1 M&M”. Cuando tiene accidente el M&M me lo como yo.

La verdad, vamos muy bien, el güero es todo un campeón (porque va muy bien al baño, y porque se lo decimos a cada rato). Sigue habiendo accidentes, pero son la mayoría de los días que no hay ninguno. También tener una hermana gemela ayuda, le enseña y le entra a las porras.

Bueno, cada quién tiene su técnica que leyó en internet, le dijo su mamá, su amig@, su abuelita y hasta el vecino (porque en estos días todos tienen su pinche opinión de todo). Aquí va el resumen y tips de lo esencial, de tu servidor y su escasa experiencia:

  • NO regañes a tu hij@ si tiene un accidente. No es como si se bajó los calzones e hizo de las suyas en tu cojín mientras se reía en tu cara.
  • P&P, porras y paciencia. Este pedo tiene que ser una experiencia positiva para tu hij@, ya tendrá muchas cosas con las cuales traumarse en su vida, aprender a ir al baño no debe de ser una de ellas.
  • Aunque sea más conveniente para ti, en mi más humilde opinión, el potty training se debe de hacer cuando tu hij@ esté list@, no cuando tú estés hart@ de cambiar pañales.
  • Cualquier incentivo para que vaya al baño vale oro. Ya sea 1 M&M por cada ida, 1 Pocky o 1 aplauso, porra o maroma (dependiendo de tus habilidades).
  • Si vas a salir, lleva unos 3 cambios de ropa para él/ella y uno más para ti. Las probabilidades de que tenga un accidente en tus piernas son bastante altas, ya me lo agradecerás.
  • Asegúrate de tener suficiente jabón de ropa, pisos y tapetes, porque vas a lavar mucha ropa, pisos y tapetes.
  • SUERTE!

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Las 10 cosas que aprendí siendo un stay-at-home dad (por tercera vez)

Las tan esperadas y deliciosas vacaciones de invierno llegaron, y así de rápido se fueron. Por logísticas del trabajo de mi esposa y el mío, yo soy el que tiene más vacaciones de los dos, y soy el ganador de quedarme con los gordos en las suyas. Así que me aviento al ruedo para servirles de guía turístico, chofer, chef, payaso, referee cantante, cuenta historias, mayordomo de baño… o sea, un papá (pero por unos días, en tiempo completo).

Las dos veces pasadas que me quedé con ellos, una cuando tenían 1 año y 3 meses, y la otra un año después, aprendí muchas y divertidas cosas. Esta vez, como niños grandes de 3 años y 3 meses, aprendí valiosas lecciones y tips que igual y te sirven a ti también, igual y no.

Aquí te comparto las 10 cosas que aprendí siendo un stay-at-home dad de un par de gemelos de 3 años:

1. La planeación es la salvación: cada día tenía un plan que hacer, a dónde llevarlos y cómo alimentarlos. Pre salida del sol, mañana, medio día, tarde, tenía el día planeado hasta el último minuto antes que llegara mi esposa. Aquí maté dos pájaros de un tiro: los salve del aburrimiento sorpresivo, y me salvé la paz mental a mi mismo.

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2. Snacks al por mayor: dulces, salados, picosos, agrios, añejados y demás . En la casa, un gemelo tiene paladar dulce y la otra salado. Hay que salir preparado con todas las opciones posibles, y siempre es bueno con una nueva. La novedad siempre es atractiva, aunque sean chícharos secos de Wasabi.

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3. El tiempo es relativo. Si piensas ir a un lugar, planea salir al menos media hora antes de tu salida original. Todo lo contrario a un vuelo de American Airlines. El tiempo vuela con gemelos. Por ejemplo, un museo abría a las 10am, planeaba salir a las 9:30 y de pronto algo le pasó a todos los relojes y venía llegando pasadas las 10:30am. Así como los vuelos de American Airlines.

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4. En caso de llegar temprano a un lugar, perritos. Llegamos a una fiesta infantil media hora temprano, sin siesta y con muchas ganas de ir a la fiesta. Ni en pedo iba a manejar una cuadra para “pasear” en un super, bajarlos del coche, subirlos otra vez, abrocharles el car seat, para luego llegar 230 metros después y volverlos a bajar. Gracias al todopoderoso había una tienda de mascotas a tres tiendas de la fiesta. Entretenimiento y estrangulamiento de perritos, gratis!

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5. Las siestas son, serán y eventualmente fueron, el mejor regalo que todo papá puede tener. Creo este año va a ser el último de siestas. En las vacaciones, mi día giraba alrededor de las siestas, en la casa de preferencia, y me turnaba un día en la cama de uno y otro día en la del otro. No es nada nuevo que aprendí, solo quería recalcar lo rico que son.

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6. Desayuno, a la carta. Hace unos meses los gordos ya se empezaron a poner más exigentes con sus desayunos, comidas y cenas. Ya no se comían lo que poníamos en la mesa, ya se daban el lujo de escoger lo que ellos querían. Así que en estas vacaciones, los desayunos venían como menú de boda: dos opciones a escoger. Y si ninguna era de su gusto, pues a esperar a los chilaquiles o comida ya entrado el día.

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7. Los 5 minutos de paz y tranquilidad que todo papá busca en el baño, suelen pasar en la regadera y no en el escusado. 9 de cada 10 veces que iba al trono, tenía asistente de papel higiénico y gerente de conversaciones y preguntas variadas. En cambio en la regadera lo máximo que solía pasar era decirles hola y adiós en la misma oración. Ahora que lo pienso, me hubiera bañado más veces al día. 

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8. La paciencia es una de las mejores virtudes que puede tener un ser humano, y con gemelos de tres años se puede poner a prueba cada hora, minuto, segundo y milisegundo del día.

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9. Lo que me lleva al punto #9. Esos comerciales del canal 5 de mi infancia, los de papás encabronados que les suena la alarma y tienen que “contar hasta 10”, por fin me hacen sentido.

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10. Igual que el año pasado y el antepasado, mis respetos a todos los stay-at-home dads y mamás.

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La primera clase de natación de los gemelos

Los gemelos llevan ya una semana en clase de natación, y al contrario de mis expectativas todavía no saben nadar, apenas se dan un chapuzón para salir del agua todos asustados, como venado iluminado con tus luces altas del coche. Ni el intento de clavado de bomba ha habido.

Más que clase de natación, es clase de música, con juguetes, y en el agua. Pero a los gordos les encanta. Como tal perro Labrador, mis hijos cuando ven agua, se avientan y quieren jugar y chapotear en ella. Ya habían experimentado varias veces meterse a la alberca con nosotros, yo funcionaba como catapulta de bebés y los flotis eran la peor tortura china para ellos. Nunca se han sentido cómodos con algo inflado y grande alrededor de ellos en el agua, a menos que sean mis fornidos bíceps claro.

La clase para niños de 2 a 3 años dura 30 minutos, de los cuáles 5 se pasan cantando para saludar a cada niño que vino a nadar, 12 en jugar con juguetes de agua, 2 en patalear, 3 en la maestra escupiéndoles agua en la cara con un juguete, 3 en aventarlos y 4 en acarrear a los papás con niños en brazos por la alberca para que hagan caso. Ha sido todo un éxito.

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Unas palabras de lo que para mi significa ser papá.

Un día mi amigo del mundo bloguero digital de papás, Miguel de Papaimexicano, me contactó via instagram para que le escriba unas palabras de lo que es para mí ser papá para su serie “Papás por el mundo”. Fueron publicadas en su blog, y pues sin mucha anticipación aquí se las comparto a ustedes. Enjoy!

 

Un día del 2017:

Papaimexicano, y papais de todo el mundo, la paternidad para mi es como una montaña rusa, y déjenme les digo, nunca fui fanático de las montañas rusas.

Nunca fui de esos niños, adolescentes o ya adultos “maduros” que van a la feria y lo primero y último que quieren hacer es subirse a la montaña rusa. Digamos que me gustan, pero me asustan. Me da ansiedad hacer la fila eterna y el preámbulo a subirme, pero ya arriba la adrenalina y la emoción toman el control y disfruto cada vuelta.

Cuando mi esposa me dijo que estábamos embarazados, fue como dar el primer paso y formarme en esa cola junto a los metales retorcidos y carritos corriendo a gran velocidad muy cerca de mi. La emoción y expectativa de que en cuestión de poco tiempo me iba a convertir en papá y me iba a subir al viaje más emocionante de mi vida había comenzado. De entre las posibilidades que teníamos durante el embarazo cabían: ser papá de un niño o de una niña, nada nos preparó para la noticia que dos bebés se habían subido al cochecito por una promoción de 2 por 1. La fila en la que estaba formado se llenó un poco más de gente, de estrés y de doble felicidad. La montaña rusa dejó de ser la clásica de madera y se hizo una de Superman, de esas que vas acostado, de cabeza, al revés y das vueltas y vueltas en todas direcciones. ¡El viaje se puso bueno!

Los días y semanas pasaban mientras veía la panza de mi esposa crecer y a la par mis amigos pasando a gran velocidad, subidos en la montaña rusa a mi lado, mientras yo trataba de aprender, escuchar y tomar cualquier nota de la increíble locura que ellos ya estaban viviendo. Nacieron los gemelos, poquito antes de tiempo pero afortunadamente sanos, me habían dado un pase VIP al frente de la fila para por fin subirme al carrito que me tocaba y liberar todo tipo de emociones. Tomé mi asiento y comencé a acumular nuevos e inolvidables momentos mientras nos movíamos hacia delante, y los gemelos movían nuestras vidas. Obviamente me aseguré que llevara bien puesto el arnés de seguridad.

Mis hijos ya estaban tomando los primeros respiros y dándole la bienvenida al mundo, mientras yo ya estaba montado en ese carrito que se empezaba a mover hacia la primera y más alta subida para que el viaje comience. Metro a metro que subía, día a día que veía a los gorditos crecer y ponerse cada día más fuertes, yo podía ver a mi lado lo que me esperaba: vueltas de cabeza, noches en vela, infinitos giros en tornillo, pañales qué comprar, colegiaturas qué pagar, subidas, bajadas, momentos increíbles, y momentos difíciles. Sabía que iba a ser el mejor viaje de mi vida, que me iba a cagar de miedo en los calzones pero que todo iba a valer la pena. Llegué a la cima, podía ver todo el horizonte y de repente… aaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhh. El mejor viaje de mi vida comenzó.

La paternidad es esa montaña rusa que te pone de cabeza, te da vueltas y te avienta de lado a lado como muñeco de trapo, pero que cuando acaba corres a toda velocidad a formarte en la fila para vivir de nuevo cada momento, vuelta y giro de cabeza. Por eso no hay que tener miedo y hay que subirse cuántas veces podamos. Cada vuelta que damos en la montaña rusa de nuestros hijos cada vuelta y día que aprendemos a ser papás. En mi opinión, no nos hacemos papás cuando nacen nuestros hijos, cada día, vuelta y momento que pasamos con ellos nos hacen crecer como personas y vamos aprendiendo a ser papás. Ser papá se gana y se trabaja, tener hijos cualquier hombre lo puede hacer. El chiste es subirse, abrocharse el cinturón y levantar las manos desde la primera caída a gran velocidad. Hay que disfrutar este gran viaje de ser papáaaaaaaaahhh!!!