Poner o no poner tubitos en los oídos, he ahí el dilema.

Esa es la pregunta, cuestión, dilema de todo papá con hijos que tienen oídos, y esos oídos tienen infecciones… de oído.

Hace una semana le pusimos (suena a manada, el Doctor le puso) tubitos en los oídos a la pequeña. Según mi esposa y yo, ya pasados los dos años de edad las probabilidades de ponerle tubitos eran muy pocas. Al gordo guapo se los pusimos hace unos ocho meses, cuando tenía como año y medio. ¿La razón? Agarraba infecciones de oído como el gobierno agarra tus impuestos, demasiado seguido y sin permiso.

Cada niño es diferente y sus conductos auditivos también. Pero lo que todos tienen en común es que su aparato auditivo no está completamente desarrollado y por eso les dan más infecciones de oído que a un adulto maduro, hecho y derecho. No soy doctor ni anatomista, pero al parecer tienen algo que ver las Trompas de Eustaquio, su tamaño menor en niños a comparación con adultos, y su inclinación (google it).

Pero, ¿quién dice si tu hijo/hija necesita tubitos? Pues la opinión profesional de su pediatra cuenta mucho (más que la de tu mamá o suegra, aunque no lo creas). Si el pediatra cree que tubitos son opción, te va a mandar con un especialista, también llamado aquí en los USA como ENT pediátrico (comúnmente conocido como “throat doctor”). O sea, un otorrinolaringólogo (PUM! casi soy Doctor). Así fue con nosotros, con los dos pequeñuelos. Tuvieron infecciones de oído que se quitaban con su antibiótico, para dos semanas después volver a tener. El pequeño estuvo así primero, y la pequeña en los últimos seis meses.

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Consejo #3.0

Siempre ten wipes a la mano, y arriba de cero grados.

Hoy en la mañana llevé al pequeño a su tercera cita con el dentista, por eso de su golpecito en los dientes. Antes de que entrara el dentista el cuartito, empecé a oler a popó. La verdad no estaba seguro si eran mis gases o el gordo con una sorpresa en el pañal. Hice la delicada y peligrosa maniobra de despegar el pañal desde su espalda baja para echar un vistazo (a veces pasa que acabas metiendo el dedo en el pastel, me contó un amigo) y no había nada. Dos minutos después me dice “popó” y con más confianza casi meto los dedos al pastel que hace dos minutos no estaba ahí.

“En la madre! No tengo pañales!” Pensé en cuanto me di cuenta del reto que tenía frente a mi. Con las prisas de salir de la casa temprano y manejar 32 minutos al dentista, solo agarré su agua y un snack. Pañales? Quién necesita pañales? En la madre!

Me acordé que mi esposa me hizo una bolsita de cambio de ropa de emergencia para los gordos cuando puse car seats en mi coche. Rezaba por un milagro divino y fui al coche a buscar en esa bolsita. La buena noticia: había 1 pañal y wipes. Mala noticia: las wipes estaban congeladas.

Con eso que llevamos casi 48 horas bajo cero y las wipes son 64.1% agua, estaban más tiesas que una toalla tendida al sol. Y estaba seguro el gordo no iba a ser muy feliz si lo limpiaba con un ladrillo de hielo con ligero aroma a bebé. Lo llevé al baño y lo limpié a medias con papel de baño seco, y a medias con papel de baño mojado. Al parecer las wipes no congeladas hacen un increíble trabajo de quitar popó de la piel, al contrario de un simple papel de baño. Lo cual me lleva a pensar lo “limpias” que quedan nuestras nalgas después de ir al baño. No creo haya Charmin que pueda con eso.

 

Apenas escribiendo y compartiendo este consejo con el mundo entero me doy cuenta que hubiera mojado las wipes bajo el chorro del agua para que se descongelen y así mandarlo al kinder sin rastro alguno en sus pompas de lo que había pasado.

Así que ya sabes, las wipes son la mejor arma de cualquier papá, siempre y cuando estén blanditas y calientitas.

Las 7 cosas que aprendí en Failoween, perdón Halloween

El internet y muchas familias exitosas en el ámbito del disfraz me crearon altas expectativas para tener un Halloween de película. De esos en los que tus hijos se dejan poner el disfraz sin rezongar, cooperan y hasta te ayudan con el maquillaje de zombie. Este segundo Halloween de los gemelos no pudo estar más alejado de esta realidad.

 

Éstas son las 7 cosas que aprendí en este Halloween, por las cuales lo acabé llamando Failoween:

  1. Si a tu hijo le gusta, digamos Mickey Mouse, no lo disfraces de otra cosa que no sea Mickey Mouse. Aunque le quieras vender el escudo y músculos de Capitán América, la fuerza y berrinche de tu hijo van a ser más fuertes que cualquier disfraz.

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