El día que los gemelos se escaparon de sus cunas

El día más temido de todo papá, aparte del pañal explosivo en la cara, llegó a mi casa. Los gordos descubrieron cómo brincarse de cuna en cuna, y por ende, cómo salirse de sus cunas. No es que no tenían ni la fuerza, ni la estatura para hacerlo antes, solo que hubo un pequeño detalle esa mañana que hizo que sus dos neuronas responsables de semejante acto de vandalismo se encontraran y desataran el caos en casa y le digan ba-bay a los barrotes.

Esta historia comienza en una fría mañana de febrero, cuando nos dirigíamos a una fiesta de una amiguita de los gordos en un lugar bajo techo, con tienditas miniatura, un camión miniatura y la infame y responsable alberca de pelotas con resbaladilla incluida.

La infame y responsable alberca de pelotas

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Poner o no poner tubitos en los oídos, he ahí el dilema.

Esa es la pregunta, cuestión, dilema de todo papá con hijos que tienen oídos, y esos oídos tienen infecciones… de oído.

Hace una semana le pusimos (suena a manada, el Doctor le puso) tubitos en los oídos a la pequeña. Según mi esposa y yo, ya pasados los dos años de edad las probabilidades de ponerle tubitos eran muy pocas. Al gordo guapo se los pusimos hace unos ocho meses, cuando tenía como año y medio. ¿La razón? Agarraba infecciones de oído como el gobierno agarra tus impuestos, demasiado seguido y sin permiso.

Cada niño es diferente y sus conductos auditivos también. Pero lo que todos tienen en común es que su aparato auditivo no está completamente desarrollado y por eso les dan más infecciones de oído que a un adulto maduro, hecho y derecho. No soy doctor ni anatomista, pero al parecer tienen algo que ver las Trompas de Eustaquio, su tamaño menor en niños a comparación con adultos, y su inclinación (google it).

Pero, ¿quién dice si tu hijo/hija necesita tubitos? Pues la opinión profesional de su pediatra cuenta mucho (más que la de tu mamá o suegra, aunque no lo creas). Si el pediatra cree que tubitos son opción, te va a mandar con un especialista, también llamado aquí en los USA como ENT pediátrico (comúnmente conocido como “throat doctor”). O sea, un otorrinolaringólogo (PUM! casi soy Doctor). Así fue con nosotros, con los dos pequeñuelos. Tuvieron infecciones de oído que se quitaban con su antibiótico, para dos semanas después volver a tener. El pequeño estuvo así primero, y la pequeña en los últimos seis meses.

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